LA GRANDEZA DE VIVIR
Se trata de una joven que se encarga de una residencia de la tercera edad durante el periodo de la navidad quedándose con cuatro ancianos Georgia (era una estrella de cine); las hermanas solteras Hazel y Heather y Donald (ex alcohólico juez) ya que su hermana se va a ver a su madre y tiene que haber alguien en la residencia. Esta película la catalogan como comedia en mi opinión no me parece que sea un comedia lo más correcto ya que a mí personalmente me causa una sensación de tristeza, alegría o felicidad, también se ve que es una película que se sabe lo que va a pasar, aunque en algunos momentos te hace dudar.
Eli al principio intenta acercarse a ellos, pero los ancianos se niegan a ese acercamiento, nada más saben exigir, se ve como hay una destructuración entre los residentes y solo saben que gruñir. Hay varias escenas que me llaman la atención pero sobre todo una de ellas que es cuando una anciana le dice a la enfermera “no me grite que no estoy sorda” por ser una persona mayor no significa que tenga que gritar si no está sorda, esta misma protagonista a pesar de que aparece muy poco en la película da sabios consejos que son muy interesantes para la vida.
Por otra parte tanta exigencia por parte de los ancianos Eli llega a su límite y termina por llamarles la atención para que se den cuenta del error que están cometiendo porque en vez de disfrutar lo que les queda de vida lo están echando a perder, pero gracias al comentario de Eli empiezan a cambiar de actitud, comportamiento, a la vez empiezan a sentirse como una familia, comienzan a recuperar su autoestima. Georgia da un cambio positivo cuidándose más y comienza a sentirse joven por dentro a pesar de los años que tiene, hasta incluso al final de la película se intuye como puede haber una historia bonita entre Georgia y Donald
Como conclusión los ancianos pueden realizar acciones no de la misma manera que cuando eran jóvenes pero si se pueden adaptar por ejemplo cuando se ponen a bailar.
Una cosa muy importante es que cuando los ancianos reciben cariño se vuelven más tiernos, amables, comprensivos… y tiene una cosa en común los cuatro, entran a la residencia porque no saben dónde ir o que hacer, cuando en realidad les queda tiempo para vivir y disfrutar.
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