La película comienza mostrándonos a una familia adinerada que planea sus vacaciones de verano como cada año. Uno de los miembros de la familia es Ricardo (Manuel Alexandre), el abuelo. La familia decide meter a Ricardo en una residencia de ancianos durante las vacaciones de verano ya que consideran que sería un cargo demasiado grande y ellos quieren disfrutar las vacaciones sin ningún tipo de ataduras. La única de la familia que no está de acuerdo con esta decisión es Ana, la hija mayor de la familia. Ella se quedará en casa a preparar sus oposiciones. Es la que más afinidad tiene con su abuelo y la que se ocupará de visitarlo mientras está ingresado en la residencia.
El día en el que Ricardo es llevado a la residencia se desborda, ve con tristeza como su familia parte en el coche y siente como se deshacen de él. Se ve inmerso en un lugar que no conoce y tiene que compartir habitación con un desconocido un poco extravagante, Andrés (Jose Luis López Vázquez) que tiene una obsesión casi enfermiza con los preservativos.
Ricardo es sometido a una evaluación mental, para ver su deterioro cognitivo. Presenta un deterioro de la memoria bastante importante, diagnosticándole el médico la terrible enfermedad de Alzheimer.
Una vez diagnosticada la enfermedad, Ana decide visitar a su abuelo más habitualmente y llevar a cabo una serie de medidas con las que la familia no se encuentra de acuerdo.
La progresión de la enfermedad hace mella en Ricardo, que incluso sale de la residencia y se pierde mostrándonos tanto el sufrimiento de la persona que padece el Alzheimer como el de la familia de la persona que la padece.
Esta película, nos hace una idea de cómo es la enfermedad del Alzheimer y su progresión, de cómo afecta a la persona que la sufre y a las personas que la rodean.
A veces, eludir el problema de hacerse cargo de la persona internándola en la residencia puede hacer que el enfermo empeore con más rapidez por lo que deberíamos abordar el problema tratando al enfermo en el entorno que él se sienta más cómodo y con toda la paciencia del mundo.
En mi opinión, no creo que esta película sea del todo objetiva. Es todo un tópico: “la familia abandona al abuelo y por ello enferma y pierde la cabeza” no creo que eso sea así. Hay familias que se ven desbordadas y no saben cómo enfrentarse a tener un enfermo de Alzheimer en casa y por ello deciden internarlos en sitios en los que sí que va a estar cuidado y en lo que tienen gente especializada para ello y en los que van a ser atendidos por personal las 24 h. del día. La película lo asemeja a abandonar un perro en una cuneta.
Por otro lado, el control que hace el director del tiempo es nulo. Parece que la enfermedad se desarrollase sólo en un par de días en los que Ricardo pasa de estar relativamente bien a ser internado y perder la cabeza por completo. No creo que el internamiento pueda afectar de esa manera tan grande a la evolución de la enfermedad y menos cuando gracias a ese internamiento ha sido diagnosticado supuestamente de manera precoz.
